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Las mujeres nativo-americanas tienen algo que decir

Elisa Cázares y su nieto, Jacob Antone, están de pie con otras 200 nativo-americanas e indígenas participantes en la Marcha de Mujeres en Tucson el 21 de enero del 2017, en Tucson, Arizona. Cázares lleva puesto un en vestido tradicional O’odham. (Foto por: Steven Spooner/The Arizona Daily Wildcat)

Caminando por las calles del centro durante La Marcha de Mujeres de Tucson, un grupo organizado de 200 personas sostenían carteles hechos a mano y gritaban, “¡Aún seguimos aquí”! 

El grupo que se presentó el 21 de enero representó a más de 15 naciones indígenas desde Canadá y Alaska hasta México, aunque la mayoría fueron mujeres Tohono O’odham del sur de Arizona.  

“Parece como una muy buena experiencia – que teníamos un grupo muy visible”, comentó Gabriella Cázares-Kelly, una mujer Tohono O’odham y organizadora de la comunidad. “Aunque éramos ‘200 firmes’, aún fuimos engañadas”. 

Cerca de 15,000 mujeres marcharon, sin embargo, las mujeres O’odham fueron excluidas, dijo.  No fueron parte en la organización de las presentaciones, las oraciones, los cantos o como oradoras.  “Después de la marcha, vi el programa y se me puso frio el corazón al ver que la presencia indígena no estaba incluida en lo absoluto”, comentó Cázares-Kelly. 

Pero esto no es nada nuevo. Según Cázares-Kelly, no solo son los nativos americanos, en particular las mujeres indígenas son tratadas injustamente – son tratadas como si no existieran. Y la falta de la intersección del feminismo no hace nada para ayudar a remediar este problema, explicó.     

“Reunimos a un grupo de mujeres indígenas de esta región quienes están seriamente preocupadas por los problemas que enfrenta la Nación Indígena, pero que aún se sienten excluidas del movimiento feminista”, comentó Cázares-Kelly.     

Unas de las cuestiones más urgentes concerniente a las mujeres indígenas se centra en los derechos al agua. A pesar de que la batalla en contra del oleoducto en Standing Rock en Dakota del Norte empezó con los jóvenes, ha sido apoyado por las mujeres, según Cázares-Kelly.     

Gabriella Cázares-Kelly y su esposo, Ryan Kelly, muestran carteles de la Marcha de Mujeres in Tucson el 21 de enero del 2017, en Tucson, Arizona. Gabriella es una mujer de la tribu O’odham quie y fue una de las organizadoras principales de las marchas de los nativo-americanas. (Foto cortesía de Gabriella Cázares-Kelly)

“Las mujeres indígenas realmente fuertes están encabezando los campamentos”, explicó Cázares-Kelly.  “Cargan a su bebé en la cadera mientras que organizan a miles de personas”. La batalla por agua limpia no es solo en Standing Rock. 

Hace dos años, un derrame de una mina toxica contaminó el suministro de agua de la Nación Navajo.  Hasta abril del 2013, la comunidad de North Komelik de la nación Tohono O’odham bebía agua que contenía altos niveles de arsénico que quedaban de una mina cercana. A corto plazo estas toxinas pueden causar náuseas y cambios cutáneos. Canceres cutáneos, en la vejiga y en los pulmones pueden resultar por la exposición a este contaminante a largo plazo, según la Agencia para el Registro de Sustancias y Enfermedades Tóxicas (ATSDR por sus siglas en inglés).       

“El agua ha estado en la vanguardia de cada tema que enfrentan las mujeres indígenas, porque dependemos de ella para sobrevivir”, explicó Cázares-Kelly. “Todas nosotras, las mujeres, nos consideramos protectoras del agua”.   

Jennifer Stern, estudiante de doctorado en los Estudios Indígenas en la Universidad de Arizona, mencionó cómo la mayoría de cosmologías ven a la Madre Tierra, y todo lo que deriva de ella, como femenino.  

“El agua es la corriente sanguínea que alimenta a las personas”, comentó Stern. “Claro que las mujeres van a tener sentimientos fuertes hacia eso”.  

Según Stern, los organizadores indígenas en Standing Rock reconocieron que las mujeres aún necesitan dar a luz y tener acceso a servicios de obstetricia y ginecología. Los organizadores se aseguraron que hubiera un centro de natalidad local para que las mujeres pudieran estar presentes y representar a sus comunidades. 

Algunas veces, sin embargo, las mujeres indígenas desaparecen por completo.  Las mujeres nativo-americanas tienen más probabilidad de ser abusadas, violadas, asesinadas o desparecer, que el resto de la población femenina en los EE.UU.  De hecho, una de cada tres mujeres indígenas será violada durante su vida, según una encuesta nacional sobre la violencia contra las mujeres.

“En términos de seguridad, la última persona quién quisieras ser en América sería una mujer indígena estadounidense”, explicó Stern. “Tratar de hacer justicia por uno mismo es una situación complicada que tiene mucho que ver con la autoridad”. 

La mayoría de la violencia se ejerce por hombres no indígenas y hasta recientemente, las mujeres indígenas no podían enjuiciar una persona que no era ciudadano de su tribu, si el asalto ocurrió en tierras tribales. La ley de Violencia Contra la Mujer ahora permite que las nativo-americanas puedan denunciar a cualquier individuo que resida en los Estados Unidos.

Según Stern, se manifiestan preocupaciones respecto a la manera en la que las películas, los programas de televisión y hasta en las caricaturas de los niños, representan a las mujeres indígenas. Por ejemplo, Pocahontas, se presenta como una “admirable princesa indígena a medio vestir”.  

“Por supuesto que eso viene de y tal tez exacerbe una cierta mentalidad que dice que estas mujeres no son seres humanos, solo son cosas”, comentó Stern.  Además de imágenes, es importante considerar los orígenes históricos de la terminología degradante que se utiliza hacia las mujeres indígenas.  La palabra “squaw” viene de la mitología generalizada que las mujeres indígenas fueron oprimidas y humildes, según Tsianina Lomawaima, profesora de la Universidad Estatal de Arizona, cuya herencia es creek.      

Jacelle Ramon-Sauberan está parada bajo Women’s Plaza of Honor en el recinto de la Universidad de Arizona en Tucson, Arizona el 20 de febrero del 2017. Ramon-Sauberan estudiante de doctorado en los Estudios Indígenas. (Foto por: Hailey Freeman/Arizona Sonora News Service)

Aunque en realidad, las mujeres indígenas estadounidenses, dependiendo de su tribu, han tenido históricamente el poder de elegir a quien tener o sacar del poder, iniciar divorcios y mantener control sobre sus hijos, bienes y posesiones heredadas por su familia materna. “Aunque puede variar de comunidad en comunidad, hay un modelo sobre las mujeres que tienen puestos importantes en organizaciones ceremoniales”, explicó Lomawaima. “Con frecuencia las mujeres tenían bastante autonomía en la toma de decisiones y vida económica”.      

En ciertas tribus, las mujeres también ocupaban poder político.  Por ejemplo, las mujeres Iroquois eran las responsables de elegir el “jefe” de la tribu.

Las mujeres perdieron la mayoría de estos derechos cuando la colonización introdujo el patriarcado y una nueva autoridad política, según Lomawaima.

“Una cantidad de tribus en Oklahoma han asimilado la idea que las mujeres no deben postularse para cargos políticos”, comentó Lomawaima.  “Hace dos siglos, eso hubiera sido ridículo en el país Cherokee.   

Un estudio del Centro de Investigaciones Pew reveló que uno de cuatro nativo-americanos vive en pobreza.  De hecho, unas tribus enfrentan índices de desempleo de más del 80 por ciento en sus reservas.  “Los niveles de pobreza endémicas en las sociedades indígenas realmente ponen una gran presión sobre las familias, en especial sobre las mujeres y niños”, explicó Lomawaima.

Consecuentemente, hay altos índices de reubicación infantil fuera de sus hogares, ya sea en cuidado tutelar o los servicios de protección infantil. 

“Yo como mujer, diría que eso ataca la integridad de la familia”, comentó Lomawaima.    

Históricamente varios factores han afectado a las nativo-americanas, según Jacelle Ramon-Sauberan, miembro de la tribu Tohono O’odham y estudiante de doctorado en los Estudios Indígenas de la Universidad de Arizona

Durante los años 60 y 70, miles de mujeres indígenas fueron esterilizadas por Indian Health Services durante sus visitas rutinarias al médico. 

“Esta es otra manera en la que el gobierno estadunidense intentó impedir que nos pudiéramos reproducir y que finalmente nos muriéramos”, comentó Ramon-Sauberan. 
Además, cuando los niños indígenas se los llevaban de sus familias y eran reubicados en hogares anglosajones e internados, las jovencitas eran forzadas a cortarse el cabello y seguir la etiqueta victoriana.   

Ramon-Sauberan dijo que muchos de los que se fueron de sus hogares, siguieron manteniendo sus tradiciones tribales. Luego, heredaron las costumbres para las futuras generaciones.

“Tenían la fuerza, voluntad y la unidad para decir, ‘No me pueden decir cómo debo de pensar’”, comentó Ramon-Sauberan.  “Aún estamos aquí y seguiremos estando aquí”.

Hailey Freeman es reportera para Arizona Sonora News, un servicio de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Arizona. La puede contactar en haileyfreeman@email.arizona.edu

Traducido por: Darcy Román-Félix